Interior de la instalación de la artista Toshiko Horiuchi McAdam, en el Takino Suzuran Park. Inside part of the artist Toshiko Horiuchi McAdam's installation, at Takino Suzuran Park

Una de las semillas de Micromundo

Una de las grandes pasiones de Jimi son los parques, jardines, espacios públicos y zonas verdes, como buen paisajista. Y una de mis mayores pasiones son los equipamientos de esos espacios, sobretodo si son parques y los equipamientos son lúdicos y no sólo para niños.

Un día, husmeando por la librería La Central, en el Raval de Barcelona, me topé con un libro maravilloso (http://oceano.com.mx/ficha-libro.aspx?id=3517) que concentra un buen puñado de los mejores ejemplos de parque infantiles que por suerte son mucho más que eso. Y ahí entre sus páginas, entre otras bellezas, estaba el Takino Suzuran (http://www.takinopark.com.e.bn.hp.transer.com/). Este parque me robó el corazón, y visitarlo en persona pasó a formar parte de la lista de cosas a hacer antes de estirar la pata. Y si además me lo montaba para conocer a sus creadores, Takano Landscape Planning (http://www.tlp.co.jp/en/), ya me podía ir tranquila a mi jacuzzi en el cielo.

Resultó que más o menos a los dos años de haber hecho esa lista mental, las oportunidades confluyeron de tal manera que tanto Jimi como yo (además apenas nos conocíamos) pudimos ir a colaborar con su equipo; él 6 meses y yo 3.

Fue una experiencia intensísima que nunca olvidaremos, por muchas razones. Takano-san y Kanekiyo-san habían convertido una antigua escuela infantil en medio del campo en su base de operaciones. Y habían medio habilitado una casa vieja del más puro estilo japonés para que gente como nosotros pudiera alojarse cerca del trabajo ya que no hay nada en kilómetros a la redonda. Estamos hablando del Hokkaido rural. Un lugar donde los niños nunca habían visto un gaijin (palabra que significa extranjero y que no es 100% amistosa pero que a nosotros nunca se nos dijo a malas, más bien al contrario) y se quedaban boquiabiertos mirando a Jimi con su barba rojiza y sus ojos azules (a mi no tanto).
Quizá ahora, después de diez años, la situación haya cambiado un poco, espero que no mucho 🙂

En aquella parte de la isla tuvimos la suerte de ver y participar en la ejecución del Tokachi Millenium Forest, por ejemplo.
Después de un tiempo allí nos trasladamos a su otra base en Sapporo. Aquí ya teníamos más autonomía al estar en la ciudad. Colaboramos en un proyecto interesante: el diseño y construcción de varios espacios verdes en la guardería Miyanooka Forest Kindergarten, entre otras pequeñas cosas. Desde aquí mandamos un fuerte abrazo a su director, Miura-san, todo un personaje.

Al acabar nuestra fase como trabajadores, decidimos ver algo de Japón durante los pocos días que nos quedaban allí, y cómo no, el primer objetivo fue el Takino Suzuran Hillside Government Park.
Fue un día mágico que pasó volando. Nos sentimos niños otra vez, o más concretamente, sacamos a jugar a nuestro niño interior y se lo pasó bomba subiendo y bajando, escurriéndose, descubriendo, escondiéndose, saltando y corriendo.

Desde aquí, otra vez mil gracias al equipo de Takano L. P. por crear semejante maravilla, y gracias a la artista textil Toshiko Houriuchi-MacAdam también por colaborar en el proyecto con esa explosión de redes de colores y formas.
Volveremos!

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