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Explorando los parques de Barcelona. 01: Jardins de Mossèn Cinto Verdaguer

Vista general de los estanques desde cerca de arriba de la subida.
Vamos al parque

Seguramente todos tendemos a infravalorar el lugar donde vivimos. Siempre mirando lo del vecino, a ver qué hierba es más verde o qué pasto más fresco. En Micromundo intentamos recordarnos a nosotros mismos lo increíble que es Barcelona. Sí, a pesar de sus muchos fallos y carencias.

Esta vez nos gustaría hablar del parque Jardins de Mossèn Cinto Verdaguer.

Está en Montjuïc, una colina que mira hacia el puerto, y desde cuya falda emergen los densos barrios de clase obrera de Poble Sec y Sants. Más conocida por la profusión de obras hechas en el 92 para las Olimpiadas, es también hogar de multitud de jardines. Por supuesto incluyendo el Botánico antiguo y su excelente homólogo moderno. Este último, una colección de clima Mediterráneo construido al lado del Estadio Olímpico.

Mirando a las raíces

Jardins Mossèn Cinto Verdaguer será nuestro foco hoy, pero no por las razones usuales. No vamos a hablar de su historia o su masterplan. No, esto va de ir a la raiz de cómo debería de funcionar un jardín o parque.
 
Para empezar, es interesante usar la palabra jardín para describir un espacio público. ¿No están los jardines siempre cerrados al mundo? ¿No son espacios pequeños? Sabemos que no es cuestión de semántica, pero seguro que casi todos imaginamos algo más íntimo al escuchar esa palabra. Tengo una teoría: los parques suelen ser espacios de transición de todo tipo. Desde anfitriones de picnics, lugares para cabezadas furtivas, a simplemente espacios para escapar del caos. Sin embargo los jardines son espacios que raramente son transitados. De esta manera pueden florecer en combinaciones de plantas y pequeños recodos. Pues bien, Cinto Verdaguer tiene un poco de todo.

 
 

La escasez es mala compañera

Contrastando con lo anterior, nos sorprendió lo inutilizables que acababan siendo muchos espacios públicos por el exceso de vigilancia.  Por ejemplo, en Perú en el 2011, descubrimos unos cuantos parques en el barrio cerca de donde vivíamos. En el calor polvoriento del desierto de la costa peruana, un oasis de césped con  dos o tres niveles de árboles en flor era tan calmante como aloe vera sobre piel quemada.
Una vez nos estiramos a leer y dibujar, y educado pero rápido, un guarda privado se apresuró a informarnos de que estaba prohibido caminar, estirarse o hacer absolutamente nada sobre la hierba. Nuestra pregunta, perplejos, fue: ¿entonces para qué es este espacio si sólo se puede cruzar por el paso de cemento? Era un espacio para mirar, nada más. Los parques pasaron de ser piscinas refrescantes a espejismos espaciales mientras caminábamos.

Todo tiene su explicación

El origen de la política inmobiliaria peruana era que si dejas cancha a la gente, acabarán ocupando los parques del todo. Yo soy paisajista, así que mi idea es que las personas son una de los niveles vivos de los parques. Si tu plan es que no haya visitantes humanos, dejarías el espacio en su estado natural. Pero es cierto que no todos los usuarios respetan su entorno, y el coste del mantenimiento lo pagamos entre todos generosamente.

¿Soluciones?

Así que ¿cómo hacemos para resolver este problema eterno? ¿cámaras de seguridad? ¿guardas? ¿barreras? Si no queremos que privaticen nuestros espacios públicos, tendremos que pensar algo mejor. Las campañas de concienciación son caras y costosas en tiempo. Además no suelen dar mucho fruto durante media generación, si lo dan.

Estanques rectangulares

En Cinto Verdaguer hay varias ideas inteligentes, y son lo que dan a este espacio su cualidad de jardín, por lo menos en mi opinión. A priori puede no parecer un parque muy interesante, su luz escondida bajo un celemín de la entrada principal (o detrás de unas Magnolias y un Ginkgo, para ser más precisos). Siempre puedes omitir el coro y el solo para escuchar una intro mediocre.

Pero si sigues el camino al lago ornamental, descubrirás un grupo de estanques rectangulares de piedra a lo largo de la subida que lleva a la entrada superior del parque. Están todos conectados y alojan una variedad amplia de plantas acuáticas clásicas.

No sólo son preciosos, si no que la manera como fueron diseñados anima a la gente a involucrarse, a caminar a su alrededor y acercarse a las plantas. Es cierto que la presencia de niños pescando renacuajos e interfiriendo con su desarrollo sería un punto negativo. Pero nos consuela que suele haber algún progenitor cerca para asegurarse de que no los dañarán. Así, mientras que un parterre puede ser pisoteado, un estanque es una barrera natural, sobretodo si es profundo.

 

Muros de piedra y flores

Repartidos en varios niveles unidos por peldaños, cada zona tiene bancos de piedra construidos en la misma pared del estanque. Los visitantes se paran a hacer fotos o descansar mientras otros juegan y observan los insectos y anfibios entre la densa vegetación del estanque.

Un caño de piedra en cada uno crea una pequeña cascada que lo enlaza con los estanques inferior y superior. Además los muretes de los estanques son del mismo grosor en todo el recorrido lo que, otra vez, anima a explorarlos perimetralmente.

La vegetación se ha ordenado de alta a baja, de manera que la alta Thalia dealbata o la Pontederia cordata hacen de fondo para las plantas flotantes. Los visitantes pueden disfrutar de la flora variada. Esta incluye la sutil elegancia de los pequeños ambudillos amarillos (Nuphar lutea), las variedades de nenúfares de rosas exóticos y amarillos, y las majestuosas flores de loto (Nelumbo nucifera). Y todos están al alcance de la mano. Colocar plantas tan delicadas al alcance del visitante es un acto de fe. En sí, les están diciendo que confías en ellos. En todas nuestras múltiples visitas a este jardín, no recuerdo haber visto nunca una sola planta vandalizada.

Un jardín vivo

Hay muchas maneras con las que podríamos mejorar el carácter de parque de Cinto Verdaguer, pero como jardín los estanques de nenúfares son probablemente la mejor intervención que podrías encontrar en un espacio público.
Aquí el jardín nos susurra dos mensajes. Primero, demuestra un poco de confianza en tus visitantes y lo agradecerán. Segundo, si el espacio que diseñas está lleno de vida y detalles, deja claros límites para el curioso. Así, donde el resto del parque es vulnerable a perros sueltos y niños haciendo atajos sobre los parterres, los estanques se exploran activamente con un daño mínimo.
Al final, un jardín puede ser una obra de arte cuatridimensional, viva, que nutre todos tus sentidos, o sólo un rectángulo de hierba con un banco desde el que miramos pasivamente.

Uno de los estanques de nenúfares

Flores de nenúfar creciendo en el margen de uno de los estanques.

Conjunto de flores de loto en el margen del estanque

Una vaina de flor de loto madurando, con sus semillas.


Una libélula es en sí misma una señal de espacio bien cuidado, dado que la forma alada más popular de esta criatura es sólo la última de su vida. Esta corta fase de su vida bajo el agua como ninfa dura hasta cinco años en algunos casos.

La variedad variegada de esta Canna indica justo bajo el estanque.

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